
Al cumplir los 40 años el hombre empieza a sentir que pierde potencia y deseo sexual y ésa es una preocupación que le persigue durante mucho tiempo. Lo que sucede es que a esa edad disminuye la producción de testosterona, la hormona clave del deseo sexual masculino, en un proceso similar al de la menopausia femenina. La mujer está relativamente preparada para la menopausia. El hombre no conoce nada de la andropausia y cuando aparece sufre un bajón en su autoestima, lo que en muchos casos le lleva a buscar el refugio en jovencitas que le ayuden a reafirmar su atractivo y poder sexual. La pérdida de la autoestima provoca estrés; las tensiones del trabajo provocan estrés; las preocupaciones por el futuro provocan estrés… Y el estrés reduce el deseo sexual. A los 40 o se ha triunfado profesionalmente o ya será muy difícil hacerlo. La pelea por el ascenso profesional tan esperado, el temor al paro y la presión de los jóvenes profesionales (y de las mujeres, especialmente) empujan al hombre a una dinámica profesional y social desenfrenada. Y el perjudicado es el sexo.
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