
Un bebé puede dormir bien pero fuera del horario apropiado de la noche. Esto puede remediarse acentuando las diferencias entre los cuidados diurnos y los nocturnos. En la noche el bebé debe atenderse con voz baja, en forma casi automática. Mientras que de día hay que brindarle estímulos adecuados mientras está despierto. A veces es necesario poner límite al sueño del día para reservarlo para la noche. Por ejemplo, si duerme por un período de 4 o 5 horas durante el día se puede ir reduciendo gradualmente con intervalos de media hora, hasta que se logra una siesta de una extensión adecuada para la edad. El ritual del sueño también sirve para transmitir el mensaje de la hora de acostarse. Los padres ansían el momento que su bebé recién nacido duerma toda la noche. Una vez que el bebé es capaz de dormir varias horas seguidas, los padres puede empezar a reponerse del cansancio. El sueño no es un estado homogéneo e insensible que dura ocho horas por noche. En realidad es un estado mucho más dinámico , compuesto por períodos alternados de sueño tranquilo y activo. También se presentan normalmente breves períodos de vigilia después de algunos de los lapsos de sueño activo. Se dice que un bebé duerme toda la noche si duerme de cinco a seis horas seguidas. Si bien esa cantidad de sueño podría no resultar ideal para los padres, es lo que los pediatras consideran muy correcto. La capacidad para unir varios ciclos de sueño por un período de cinco a seis horas depende, en parte, de la madurez del cerebro y el sistema nervioso. El niño que duerme toda la noche ha aprendido a volverse a dormir después de los breves períodos normales en que se despierta.
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