
El Consejo Mundial de Superdotados cree que de cada 10.000 neonatos cerebralmente normales 9.700 pueden ser superdotados. Actualmente sólo 1 de estos 10.000 llega a serlo, debido a que no recibe una educación que estimule suficientemente su potencial neuronal cuando aún es un bebé. El niño, desde que nace y hasta los tres años y medio, aproximadamente, desarrolla el cerebro y alcanza la máxima intensidad para absorber información, por lo cual los estímulos -internos y externos, positivos y negativos- que afecten al niño, quedarán grabados de forma irreversible, ya que el 60 por ciento de la capacidad cerebral del individuo se determina antes de los tres años de vida. Partiendo de esta premisa y de los estudios científicos, todo niño nacido cerebralmente normal, viene dotado con un potencial más que suficiente para que alcance la superdotación en la primerísima infancia y para toda su existencia, siempre y cuando ese potencial sea sabia, temprana y oportunamente estimulado y reconducido. El superdotado no nace, se hace, puesto que, a diferencia de los animales, el cerebro humano establece la mayor parte de sus circuitos de interconexiones neuronales después del nacimiento del niño. No hay que confundir al superdotado con el talentoso. Mientras que el primero es un individuo superiormente dotado en forma integral, es decir, en el plano afectivo, emocional, social, psicobiológico e intelectual, el talentoso sólo desarrolla uno o dos planos de su personalidad y presenta déficits en otros. Suele ser socialmente mal ajustado, inestable y con graves conflictos internos, pero con talento científico, intelectual o artístico, por ejemplo. Los talentosos representan el tres por ciento de la población mundial, en tanto que los superdotados sólo alcanzan al uno en diez mil.
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